Educando con amor

Por Sarai Diez de Bonilla V, Lic. en Psicología.

Año 2015, llego a Laussane, Suiza a trabajar 6 meses como “Au Pair” (cuidadora de niños), mis pequeños eran: Lea de 5 años y Tom de 8 años, con una hermanita en camino.

No puedo decir que llegue en el mejor momento familiar, pues atravesaban por bastantes cambios familiares y entre ellos, por un embarazo complicado; los niños no entendían porque su mamá pasaba tanto tiempo en cama y una desconocida llegaba a su vida a cuidarlos. No les agradaba la idea de su hermanita en camino, pues los “alejaba” y quitaba atención de sus papás.

“No siempre se portan así de mal” me decían los papás apenados, “no siempre pelean entre ellos”, “no siempre hacen tanto berrinche”, “no siempre se tiran la comida, los juguetes, o cualquier cosa que vean” “no siempre batallamos para que coman”, “no siempre le gritan o avientan cosas a los adultos” “es un mal momento”, decían, y yo como psicóloga y sobre todo con mi experiencia con niños, lo entendía perfecto y considero que hice lo mejor que pude, con empatía y paciencia.

Lo que me sorprendía no eran los niños, sino la actitud de sus papás, muchas veces llegue a pensar: “Mi mamá ya me hubiera volteado la cara de una bofetada”, “A ese niño le hacen falta unas buenas nalgadas para que aprenda”, claro, solo se quedaba en mi mente, pues el castigo físico no me correspondía a mí, sino a sus papás, y me sorprendía que estos no hacían “nada más que” hablar con ellos, dialogar, preguntarles que sentían, explicarles porque lo que hacían estaba mal, mandarlos al escalón a reflexionar, hacerlos pedir perdón, quitarles el postre y su hora tan esperada de T.V.

No lo entendía.

Un año después, tengo la fortuna de trabajar en la Policía Estatal Investigadora del Estado de Sonora, como psicóloga perito, en el área de Atención a Víctimas Del Delito Sexual y Violencia Intrafamiliar.

No terminaría de contar todo lo que vi, escuche, cada caso de violencia que atendí y a cada NNA (niños, niñas y adolescentes) víctimas de violencia ejercida por sus propios padres y cuidadores.

NNA heridos, que constantemente recibían golpes, ofensas, humillaciones, “correcciones” le decían quienes ejercían esta violencia contra ellos: sus propios padres.

NNA violentos, llenos de rencor, emocionalmente lastimados, NNA que NO se estaban convirtiendo en mejores personas, que estaban aprendiendo que la violencia era normal y que era un modo válido para resolver conflictos, NNA que seguían sin saber diferenciar lo bueno de lo malo porque en lugar de recibir una explicación, recibían un golpe.

Ahí lo entendí.

Posiblemente un golpe, una bofetada o un “chanclazo” calma un berrinche más rápido y rompe con el mal momento por el que están pasando los padres. Pero detrás de una agresión no hay amor, ni educación, hay ira y frustración, el cual le contagias a tu hijo/a en ese preciso momento. Detrás de cada agresión física hay un vínculo que se rompe.

Detrás de cada castigo corporal está el mensaje de: Con violencia todo se arregla.

Y si, el diálogo conlleva más tiempo, esfuerzo y paciencia, lo cual muchas veces no tenemos, sin embargo vale la pena intentarlo si nuestro objetivo es criar una persona feliz, saludable, pacífica, con el cual tendrás un vinculo de respeto y amor durante toda su vida.

En este momento puedes estar diciéndote a ti mismo: “A mí de chico/a me pegaron y no crecí traumado, a lo mejor si no me hubieran pegado no sería la persona que soy hoy”.

Eso es algo que nunca podremos saber, no podemos saber si hubiéramos sido “peores” o “mejores” personas, muchas veces no identificamos las heridas emocionales de la infancia, muchas veces las dejamos “arrumbadas” en el inconsciente y estás salen en otras formas, a modo de actitudes violentas, a modo de inseguridades, de miedos irracionales, de problemas en nuestras relaciones personales, etc.

Solo hay algo que con seguridad podemos saber, siempre podemos buscar ser mejores, mejores personas, mejores  padres, no tenemos porque cometer los mismos errores que nuestros padres cometieron con nosotros, y no es juzgarlos, sabemos que en ese entonces se tenía la idea equivoca de que el castigo físico era un método eficaz para corregir a los hijos y criar buenas personas, erróneamente lo hacían creyendo que era lo mejor, no tenían la información con la que hoy nosotros contamos: hoy sabemos a través de cientos de estudios e investigaciones, que el castigo corporal es un método ineficaz, que deja muchas consecuencias negativas y que incluso es un delito penado en nuestro país y en muchos más.

Educa con el ejemplo y corrige con el diálogo… No con golpes.

#EducandoConAmor